‘Nocilla Dream’ (Editorial Candaya) se ha convertido en uno de los fenómenos literarios más interesantes de los últimos años. Elegida por varias revistas literarias mejor novela del año en lengua castellana, la primera aventura narrativa del poeta Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967), ha revolucionado el conservador y, en ocasiones, anquilosado mundo de la literatura española. Una revolución que comienza desde el propio género al que pertenece el libro, pues llamar novela a este texto es, desde luego, una convención. Yo preferiría simplemente llamarla ‘texto’. Un texto sin estructura narrativa, compuesto por medio de la suma de fragmentos, que muchos han notado como influencia de la escritura blog. Posts o fragmentos textuales, algunos de ficción y otros derivados de la realidad, todos ellos unidos por la presencia casi espectral –‘siniestra’– de un álamo americano repleto de pares de zapatos colgados. Un árbol que, situado en pleno desierto de Nevada, pone de manifiesto literalmente el modelo que se encuentra debajo del texto: lo que Deleuze llamaba el rizoma, una estructura de tubérculos ramificada, con caminos que no se acaban y que no tienen una evolución lineal y lógica. Y es que el libro de Fernández Mallo es, sin duda, rizomático. No hay una lógica narrativa, sino simplemente fragmentos encadenados, pegados, trozos de escritura que componen un mundo-red entrelazado en el que, al final, todo tiene que ver con todo y, al mismo tiempo, todo tiene una cierta singularidad.
Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención es el modo en que el autor trabaja con el ‘déjà vu’, con la presencia de un imaginario previo al que todos los fragmentos textuales hacen referencia. El libro nos sumerge en un universo poblado por personajes, ambientes y ‘modos’ que provienen del cine serie B americano, de la generación beat, del arte conceptual –aquí el autor demuestra un conocimiento amateur, pero, en cualquier caso, de agradecer– y, por supuesto, de la cultura científica contemporánea. Se podría decir que Fernandez Mallo trabaja con esa iconosfera asentada y la ‘postproduce’ –por utilizar una expresión de Nicolas Bourriaud–, casi como un ‘dj’, montando fragmentos de realidad, imágenes y ficciones. El autor, más que como creador, aparece aquí como un montador de cosas dadas, como un ‘ordenador’ de la complejidad de lo real. En este sentido, este libro es radicalmente contemporáneo, y abre todo un universo de posibilidades a la literatura de nuestros días: las cosas ya están dichas; no hay por qué volver a decirlas; basta con presuponerlas. No es necesario comenzar la conversación desde el principio; ya sabemos de qué estamos hablando.
A pesar de todo lo anterior, de todas las virtudes del libro, al texto le falta algo para mantener al lector atento. Es cierto que, al final, uno no se puede quitar de la cabeza la imagen del árbol y la de toda esa gente que va al desierto de Nevada a vivir en micronaciones. Es cierto que el rizoma deja una huella. Pero aún así, este no llega a ser un libro redondo; aunque quizá tampoco sea necesario que lo sea. ‘Nocilla Dream’ es el primer volumen de ‘Nocilla Proyect’, que pronto será completado con ‘Nocilla Experience’ y ‘Nocilla Lab’. Una vez leído, comprobado y experimentado el primer sueño nocilla, el único ‘pero’ que se le puede achacar al libro es que uno no acaba de saber si quiere, o no, más de lo mismo.
[Texto publicado en El faro de las letras, 18-05-07]
miércoles 23 de mayo de 2007
jueves 17 de mayo de 2007
Roberto Bolaño: La magia del non finito
Cuatro años después de su prematura muerte, se puede afirmar que Roberto Bolaño (1953-2003) ha sido el escritor chileno más importante de la última década del siglo XX. Quizá por eso la editorial Anagrama, después de haber editado, a los pocos meses de la muerte del autor, la novela ‘2666’, considerada por muchos la culminación de su escritura, publica ahora dos libros póstumos de Bolaño: un compendio de su poesía, ‘La universidad desconocida’, y una colección de cuentos, ‘El secreto del mal’. Este último, que constituiría probablemente su cuarto libro del género, ha sido editado a partir de varios archivos que su albacea literario, Ignacio Echevarría, ha podido rescatar de su ordenador y en los que Bolaño trabajó hasta el día de su muerte.
Los diecinueve textos que componen ‘El secreto del mal’, título de uno de los cuentos, son en su mayoría relatos, aunque también encontramos textos autobiográficos, ensayísticos e, incluso, conferencias, todos tratados del mismo modo, dando cuenta de la ruptura de géneros a la que nos tenía acostumbrado el autor chileno. Aunque muchos no llegan a estar pulidos del todo, en todos ellos aparece esa característica prosa ágil y veloz, alejada de florituras estériles, que lo hace uno de los autores más “legibles” de las últimas décadas. La temática, de nuevo, nos sumerge en un mundo de escritores contra todo y contra todos, bohemios, enfermos de literatura, personajes rechazados y, por encima de todo, insatisfechos con el mundo que les ha tocado vivir. Se trata de historias que se mueven hacia lo inesperado, para ya nunca volver de ahí, que encadenan anécdotas con historias que ya nunca más vuelven a ser lo que comenzaron siendo, como ocurre por ejemplo con ‘El hijo del coronel’, en la que, sin venir ‘a cuento’, relata el argumento de una mala película de zombies con una frescura y un sentido de la narración magistral, caracterizado por una tremenda capacidad para enmascarar la artificialidad de la escritura, mantenida siempre –de modo extraño– en el nivel de lo ordinario.
Uno de los elementos que más llaman la atención del libro es lo que podríamos llamar la magia del non finito, esa sensación de que todavía falta un pequeño repaso, un último toque –en algunos casos, un final o un desarrollo–. Confieso que las obras inacabadas me atraen mucho más que las completas. Hay una especie de no-estar-del-todo que implica al lector hasta un punto en el que, en ciertos momentos, tiene la sensación de ser más un confidente que un simple voyeur ajeno al libro. En este sentido, ‘El secreto del mal’ es un libro que demuestra una potencialidad narrativa excepcional. Esa misma potencialidad que se observa en ciertos escritores noveles. Lo curioso es que esto ocurra con una obra póstuma. Una obra donde la potencialidad ya no puede ser cumplida. Y no puede serlo porque ya lo ha sido. Porque Bolaño ha prometido en sus textos finales algo que ya había sido cumplido en su obra anterior. Y eso se comprueba cuando uno lee cualquiera de sus libros producidos entre 1993 y el año de su muerte, en especial ‘Los detectives salvajes’ o los cuentos de ‘Llamadas telefónicas’ y ‘Putas asesinas’.
Se podría pensar que comenzar por el final quizá no sea el mejor modo de leer a un autor. Pero es posible que pueda ser una experiencia interesante. Sobre todo porque, de algún modo, al prometer algo que ya se ha cumplido, tiene lugar una especie de reactualización de la literatura como deseo, como búsqueda, aunque aquello que se busca se haya encontrado mucho tiempo atrás. Está claro que Bolaño entendió la literatura como una actividad detectivesca, una investigación sobre el lugar que uno ocupa en el mundo. Al final de su vida, dejó abiertas muchas puertas, como si quisiera decirnos que, a veces, es necesario perderse para buscarse de nuevo. El problema, sin embargo, es que no siempre es posible volverse a encontrar.
[Texto publicado en El faro de las letras, Murcia, 11-5-2007]
Los diecinueve textos que componen ‘El secreto del mal’, título de uno de los cuentos, son en su mayoría relatos, aunque también encontramos textos autobiográficos, ensayísticos e, incluso, conferencias, todos tratados del mismo modo, dando cuenta de la ruptura de géneros a la que nos tenía acostumbrado el autor chileno. Aunque muchos no llegan a estar pulidos del todo, en todos ellos aparece esa característica prosa ágil y veloz, alejada de florituras estériles, que lo hace uno de los autores más “legibles” de las últimas décadas. La temática, de nuevo, nos sumerge en un mundo de escritores contra todo y contra todos, bohemios, enfermos de literatura, personajes rechazados y, por encima de todo, insatisfechos con el mundo que les ha tocado vivir. Se trata de historias que se mueven hacia lo inesperado, para ya nunca volver de ahí, que encadenan anécdotas con historias que ya nunca más vuelven a ser lo que comenzaron siendo, como ocurre por ejemplo con ‘El hijo del coronel’, en la que, sin venir ‘a cuento’, relata el argumento de una mala película de zombies con una frescura y un sentido de la narración magistral, caracterizado por una tremenda capacidad para enmascarar la artificialidad de la escritura, mantenida siempre –de modo extraño– en el nivel de lo ordinario.
Uno de los elementos que más llaman la atención del libro es lo que podríamos llamar la magia del non finito, esa sensación de que todavía falta un pequeño repaso, un último toque –en algunos casos, un final o un desarrollo–. Confieso que las obras inacabadas me atraen mucho más que las completas. Hay una especie de no-estar-del-todo que implica al lector hasta un punto en el que, en ciertos momentos, tiene la sensación de ser más un confidente que un simple voyeur ajeno al libro. En este sentido, ‘El secreto del mal’ es un libro que demuestra una potencialidad narrativa excepcional. Esa misma potencialidad que se observa en ciertos escritores noveles. Lo curioso es que esto ocurra con una obra póstuma. Una obra donde la potencialidad ya no puede ser cumplida. Y no puede serlo porque ya lo ha sido. Porque Bolaño ha prometido en sus textos finales algo que ya había sido cumplido en su obra anterior. Y eso se comprueba cuando uno lee cualquiera de sus libros producidos entre 1993 y el año de su muerte, en especial ‘Los detectives salvajes’ o los cuentos de ‘Llamadas telefónicas’ y ‘Putas asesinas’.
Se podría pensar que comenzar por el final quizá no sea el mejor modo de leer a un autor. Pero es posible que pueda ser una experiencia interesante. Sobre todo porque, de algún modo, al prometer algo que ya se ha cumplido, tiene lugar una especie de reactualización de la literatura como deseo, como búsqueda, aunque aquello que se busca se haya encontrado mucho tiempo atrás. Está claro que Bolaño entendió la literatura como una actividad detectivesca, una investigación sobre el lugar que uno ocupa en el mundo. Al final de su vida, dejó abiertas muchas puertas, como si quisiera decirnos que, a veces, es necesario perderse para buscarse de nuevo. El problema, sin embargo, es que no siempre es posible volverse a encontrar.
[Texto publicado en El faro de las letras, Murcia, 11-5-2007]
martes 15 de mayo de 2007
En un mal día o, para ser más preciso, afectado por un tremendo dolor de cabeza, me lanzo, como un demente a lanzar alaridos en casa. Soy, lo reconozco, insoportable. Algunas de las discusiones, no es el caso detallarlas, tienen que ver con la pulsión "bloggera" de Ernesto, esto es, con la necesidad, casi enfermiza, que tiene de escribir y la necesidad de estudiar ahora que el curso se acaba. Espero que sea antes de que mi carácter colérico vuelva a enturbiarlo todo. El caso es que una de las cosas que me tenìa de mal humor era la tarea periódica de ordenar los papeles que en el despacho se adueñan de todo. Tirando cosas encontrè una entrevista de Yves Bonnefoy, publicada en "Babelia" (antes de que ese suplemento se volviera algo raquítico). Ahora que son las tres y cuarto de la noche, bastante triste y molesto conmigo mismo leo una respuesta de este gran poeta y ensayista que no me resisto a transcribir. Octavi Marti le pregunta si su manera de referirse a la razón (como algo que debe ser defendido como fuente de esperanza y progreso) remite a esa idea de Adorno sobre la imposibilidad de hacer poesía después de Auschwitz: "Para usted es la filosofía y no la poesía la que debiera tener dudas sobre su viabilidad...". A lo que Bonnefoy replica: "Es verdad, esa frase de Adorno repetida aquí y allá se me antoja incomprensible, salvo que ese filósofo de la creación artística no llegara nunca a comprender lo que es la poesía. En resumen, puede que Adorno creyese, banalmente, que la poesía consiste en soñar que el mundo es hermoso y que el hombre y la mujer son bondadosos en medio de un mundo maravilloso, es decir, algo que ha sido cruelmente desmentido por los campos de exterminio. Esas ilusiones volatilizadas, y que no hay por qué poner en circulación de nuevo, eran imaginaciones que la filosofía hubiera debido hacer imposibles a través de una crítica atenta a las trampas en que puede caer el pensamiento conceptual. Si los poetas se han dejado llevar a lo largo de la historia hacia el terreno de las ensoñaciones idealizantes y, por consiguiente, falaces, se debe en parte a que la tradición filosófica occidental tampoco ha sabido liberarse antes de sus quimeras y creencias injustificadas. Pero todos los grandes autores, como Leopardi o Mallarmé, han sido espíritus lúcidos. La poesía, como tal, no se ve cuestionada por Auschwitz. ¿Qué es la poesía? Es aquello que quiere liberar las relaciones entre los hombres de los prejuicios, ideologías y quimeras que los empobrecen. La poesía quiere garantizar un futuro a esa palabra exigente que las ideologías detesten y que el nazismo quiso destruir para siempre. Renunciar a la poesía tras los campos de exterminio sería admitir la victoria de estos últimos". Tenemos que meditar, si podemos, sobre esas palabras. A mi me pilla ahora de cerca la pugna entre la poesía y la educación, algo cotidiano, familiar y, lo juro, tremendamente convulso.
lunes 14 de mayo de 2007
"Un signo somos, que no apunta a nada
sin dolor existimos y casi hemos
el lenguaje perdido en la tierra extranjera" (Holderlin: "Mnemosyne", tercera versión).
Los versos del Hölderlin maduro resuenan como una trágica verdad que se extiende desde el comienzo de la primera versión de "Mnemosyne" (esa repentina exigencia del canto con respecto a la sensación que lo anima o recoge en una frágil y provisional madurez en la que parece haberse renunciado al anhelo), hasta ese mirar adelante o atrás en la tercera versión. El intenso arrojo de la palabra poética, entendida como errática extranjería, se incorporado, con una intensidad comparable a la del autor del "Hiperion", en la inacabable "tarea del traductor" que Benjamin desplegara. En él también la melancolía aparece como un instante del equilibrio en el errar, el súbito encuentro que reblandece la densa indiferencia que tal vez no sea más que el rostro confesable de la nostalgia. En su comentario a dos poemas de Hölderlin ("El arrojo del poeta" y "Disparate"), Benjamin atienda a la irrupción del canto como el único modo de corresponder con lo que muere bellamente en el crepúsculo: apenas un mundo débilmente constituido. La actitud del poeta es la desmesura, una entrega que se enfrenta a la rigidez de la muerte. En el arrojo el mundo asume el peligro: valor es ese sentimiento vital del hombre que se expone al peligro y que en su muerte lo extiende hasta ser peligro del mundo, a la vez sobreponiéndose a él. La forma mística del munod del héroe muerto es renovada, casi ritualmente, en esas leyendas de la tierra que se distancia (como sucederá mágicamente en Mahler), ese caracter devaluado, ilegible, de lo transmitido por la narración retorna como una culpa inconfesable: la sagrada sobriedad de Hölderlin contiene la herida sin sangre, más horrenda, que Adorno arrastrara como un estigma. La imposibilidad de la poesía después de Auschwitz no es, ni mucho menos, el acta notarial, casi morbosa, extendida por los ojos horrorizados; éstos tan sólo testimoniarían la renuncia al concepto o peor la secreta solidaridad con los homicidas. En este "abismo del entusiasmo" (el campo de concentración, el ámbito del testimonio hundido o, para ser más preciso, en el que se salva la palabra que no quiere ser escuchada) surge de nuevo el "para qué poetas en tiempos de indigencia" de Hölderlin. En la intemperie del mundo técnico se localiza la transformación del rapto poético en una exigencia que interroga. La posibilidad de preguntar por el destino trágico, improbable de la poesía es la penuria misma de aquello que nos interpela: pocos poetas descienden a la noche del mundo, al abismo en el que la palabra encuentra su sentido. Extranjera o forma natal perdida, de retorno a Ítaca o cruzando una selva delirante, la poesía es, al mismo tiempo, aquel signo que no apunta a nada y la oscilación (el encabalgamiento, la cesura) del sonido y del sentido que nos da que pensar.
sin dolor existimos y casi hemos
el lenguaje perdido en la tierra extranjera" (Holderlin: "Mnemosyne", tercera versión).
Los versos del Hölderlin maduro resuenan como una trágica verdad que se extiende desde el comienzo de la primera versión de "Mnemosyne" (esa repentina exigencia del canto con respecto a la sensación que lo anima o recoge en una frágil y provisional madurez en la que parece haberse renunciado al anhelo), hasta ese mirar adelante o atrás en la tercera versión. El intenso arrojo de la palabra poética, entendida como errática extranjería, se incorporado, con una intensidad comparable a la del autor del "Hiperion", en la inacabable "tarea del traductor" que Benjamin desplegara. En él también la melancolía aparece como un instante del equilibrio en el errar, el súbito encuentro que reblandece la densa indiferencia que tal vez no sea más que el rostro confesable de la nostalgia. En su comentario a dos poemas de Hölderlin ("El arrojo del poeta" y "Disparate"), Benjamin atienda a la irrupción del canto como el único modo de corresponder con lo que muere bellamente en el crepúsculo: apenas un mundo débilmente constituido. La actitud del poeta es la desmesura, una entrega que se enfrenta a la rigidez de la muerte. En el arrojo el mundo asume el peligro: valor es ese sentimiento vital del hombre que se expone al peligro y que en su muerte lo extiende hasta ser peligro del mundo, a la vez sobreponiéndose a él. La forma mística del munod del héroe muerto es renovada, casi ritualmente, en esas leyendas de la tierra que se distancia (como sucederá mágicamente en Mahler), ese caracter devaluado, ilegible, de lo transmitido por la narración retorna como una culpa inconfesable: la sagrada sobriedad de Hölderlin contiene la herida sin sangre, más horrenda, que Adorno arrastrara como un estigma. La imposibilidad de la poesía después de Auschwitz no es, ni mucho menos, el acta notarial, casi morbosa, extendida por los ojos horrorizados; éstos tan sólo testimoniarían la renuncia al concepto o peor la secreta solidaridad con los homicidas. En este "abismo del entusiasmo" (el campo de concentración, el ámbito del testimonio hundido o, para ser más preciso, en el que se salva la palabra que no quiere ser escuchada) surge de nuevo el "para qué poetas en tiempos de indigencia" de Hölderlin. En la intemperie del mundo técnico se localiza la transformación del rapto poético en una exigencia que interroga. La posibilidad de preguntar por el destino trágico, improbable de la poesía es la penuria misma de aquello que nos interpela: pocos poetas descienden a la noche del mundo, al abismo en el que la palabra encuentra su sentido. Extranjera o forma natal perdida, de retorno a Ítaca o cruzando una selva delirante, la poesía es, al mismo tiempo, aquel signo que no apunta a nada y la oscilación (el encabalgamiento, la cesura) del sonido y del sentido que nos da que pensar.
domingo 13 de mayo de 2007
Los Himnos de Tubinga como comienzo blogger
Los Himnos de Tubinga están conformados por una docena de poemas en los que Hölderlin nos muestra su visión personal del amor, la libertad, la amistad, la humanidad.... Pero no cabe la menor duda que son poemas como "Cantón" suizo o el último poema, "Grecia", los que nos dan la clave del libro.
En los Himnos de Tubinga se hace referencia constantemente a un pasado tan sólo recordado por los dioses y, por asimilación, el poeta, que al exaltar las cualidades de los dioses convierte su obra en un ser inmortal. Hölderlin, muy platónico, nos habla de que el amor acerca el amante al amado, que traducido a la poesía significa la poetización del poeta.
El tiempo de tal poetización no es el presente, donde la poesía no puede ser comprendida, ya que la referencia divina divinizante del poeta se encuentra en un pasado olvidado. El tiempo de la reflexión es el pasado, y se ejerce desde el futuro. De este modo Hölderlin nos va introduciendo en su poética; la poesía hölderiana es un ejercicio de adivinación y convicción en un futuro que, al igual que él está haciendo referencias a Grecia y al mito del Reich, debe basarse en el pensamiento del pasado. Hölderlin convierte sus poemas en una creación clásica que, como el pensamiento grecolatino, debe pasar por una etapa de oscuridad para poder resurgir. Los mitos contienen la expresión del pensamiento humano que ha sobrevivido al paso del tiempo. Hölderlin intenta igualarse a ellos con la pérdida de las referencias personales, para centrarse en algo abstracto e imperecedero. Y ¿qué hay mas abstracto e imperecedero que términos tales como el amor, la libertad o la humanidad?
Los Himnos de Tubinga son, en este aspecto, una exaltación de la racionalidad reflexiva, que tras haberse liberado de la anécdota, se convierte en un punto de referencia desde el que poder partir en el futuro. Un ejemplo del impacto de Hölderlin en ese futuro lo tenemos en el final del III Reich:
El 27 de junio de 1945, en pleno avance aliado, la Facultad de Filosofía de la Universidad de Friburgo, que llevaba desde el mes de marzo refugiada en el castillo de Wildestein, celebra una ceremonia de clausura entre el estruendo del bombardeo francés. Después de un breve recital de piano, el rector de la Universidad, Martin Heidegger, realiza una magistral conferencia titulada La Pobreza, que gira alrededor de la frase hölderiana:
"Entre nosotros todo se concentra sobre lo espiritual, nos hemos vuelto pobres para llegar a ser ricos."(III, 621)
La aparición de Hölderlin no es casual. Sus escritos son, sin lugar a dudas, muy pangermánicos. Versos como: "todas las cenas del Elíseo valen lo que un apretón de manos alemán" (lo estoy citando de memoria, así que puede no ser literal) muestran el fondo de sus referencias alegóricas de un pasado mejor, con visiones hacia un futuro prometedor. El propio nombre de himnos denota su carácter exaltador e incitador.
Hölderlin es un clásico muy moderno que ya fue recuperado en su época por su ideología. Ahora lo que tenemos que hacer es recuperar su teoría poética.
Futuro, pasado y presente se unen en esta figura magistral. ¡Bravo, Friedrich!.
Este blog es una búsqueda de la reflexión literaria que no puede ser comprendida hasta un futuro no muy lejano del botón PUBLICAR.
En los Himnos de Tubinga se hace referencia constantemente a un pasado tan sólo recordado por los dioses y, por asimilación, el poeta, que al exaltar las cualidades de los dioses convierte su obra en un ser inmortal. Hölderlin, muy platónico, nos habla de que el amor acerca el amante al amado, que traducido a la poesía significa la poetización del poeta.
El tiempo de tal poetización no es el presente, donde la poesía no puede ser comprendida, ya que la referencia divina divinizante del poeta se encuentra en un pasado olvidado. El tiempo de la reflexión es el pasado, y se ejerce desde el futuro. De este modo Hölderlin nos va introduciendo en su poética; la poesía hölderiana es un ejercicio de adivinación y convicción en un futuro que, al igual que él está haciendo referencias a Grecia y al mito del Reich, debe basarse en el pensamiento del pasado. Hölderlin convierte sus poemas en una creación clásica que, como el pensamiento grecolatino, debe pasar por una etapa de oscuridad para poder resurgir. Los mitos contienen la expresión del pensamiento humano que ha sobrevivido al paso del tiempo. Hölderlin intenta igualarse a ellos con la pérdida de las referencias personales, para centrarse en algo abstracto e imperecedero. Y ¿qué hay mas abstracto e imperecedero que términos tales como el amor, la libertad o la humanidad?
Los Himnos de Tubinga son, en este aspecto, una exaltación de la racionalidad reflexiva, que tras haberse liberado de la anécdota, se convierte en un punto de referencia desde el que poder partir en el futuro. Un ejemplo del impacto de Hölderlin en ese futuro lo tenemos en el final del III Reich:
El 27 de junio de 1945, en pleno avance aliado, la Facultad de Filosofía de la Universidad de Friburgo, que llevaba desde el mes de marzo refugiada en el castillo de Wildestein, celebra una ceremonia de clausura entre el estruendo del bombardeo francés. Después de un breve recital de piano, el rector de la Universidad, Martin Heidegger, realiza una magistral conferencia titulada La Pobreza, que gira alrededor de la frase hölderiana:
"Entre nosotros todo se concentra sobre lo espiritual, nos hemos vuelto pobres para llegar a ser ricos."(III, 621)
La aparición de Hölderlin no es casual. Sus escritos son, sin lugar a dudas, muy pangermánicos. Versos como: "todas las cenas del Elíseo valen lo que un apretón de manos alemán" (lo estoy citando de memoria, así que puede no ser literal) muestran el fondo de sus referencias alegóricas de un pasado mejor, con visiones hacia un futuro prometedor. El propio nombre de himnos denota su carácter exaltador e incitador.
Hölderlin es un clásico muy moderno que ya fue recuperado en su época por su ideología. Ahora lo que tenemos que hacer es recuperar su teoría poética.
Futuro, pasado y presente se unen en esta figura magistral. ¡Bravo, Friedrich!.
¡Que ésta sea la última de mis lágrimas
vertidas por la querida Grecia!
Haced sonar, Parcas, vuestras tijeras,
pues mi corazón pertenece a los muertos.Grecia. Himnos de Tubinga.
Hölderlin.
Este blog es una búsqueda de la reflexión literaria que no puede ser comprendida hasta un futuro no muy lejano del botón PUBLICAR.
miércoles 9 de mayo de 2007
Comienzo
No se muy bien que estoy haciendo pero solo me ronda a la cabeza una idea: un blog común de literatura. El equivalente de los cafes parisinos en los que hablaba de literatura y mas literatura a principios de siglo son los blogs del s.XXI. Muchos escritores tienen sus propios blogs, donde tocan temas muy buenos, pero no hay una unión de escritores en un solo blog. Mi idea es muy sencilla: crear un blog común con varios publicadores simultaneos, donde mostrar nuestras inquietudes literarias, o nuestros descubrimientos. Y crear así un lugar común para la condensación de todas nuestras ideas particulares. De todas maneras se irá viendo mientras se vaya creando.
Por eso, si alguno de los que pasáis por aquí está interesado unirse a este proyecto, convertirse en un coescritor que ponga un comentario o me mande un e-mail a taunesco@gmail.com.
Gracias a mahn por la idea.
Por eso, si alguno de los que pasáis por aquí está interesado unirse a este proyecto, convertirse en un coescritor que ponga un comentario o me mande un e-mail a taunesco@gmail.com.
Gracias a mahn por la idea.
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