viernes 6 de julio de 2007

Mi disculpa y mi siva

Clemencia, Taun, clemencia.

La culpa no es mía, ni de mi tesis, ni de mi novia, ni de la guerra de ayer, ni de las cucarachas, ni de la barra espaciadora, ni de mi costumbre de comerle la lengua al gato.

La culpa de que no escriba es única y privativamente de Miguel Ángel, que hace varios días me regaló "Bartleby y compañía" y ahora no puedo escribir. Me salen garabatos en Lucida Handwriting, a lo sumo.

Pensaba en que la Muerte es un No Absoluto. El No a la Vida. Intentaba convencerme de que así podría escribir algo sobre los Poetas y la Muerte, pero aún no me conozco lo suficiente como para engañarme de esa forma, y te copio la idea.

Transcribo una carta que encontré el otro día de Luis Cernuda a Vicente Aleixandre poco antes de que este último publicara "Historia del corazón". Aquí te la dejo, por si sirviera:

Querido Vicente:

¿Por qué pienso tanto en la Muerte? No quiero, no. No quiero. No puedo dejar de verla y quiero retenerlo todo. Quiero retener cada voluta de humo blanco y denso que sale de la cazoleta de mi pipa; quiero retener cada urgencia hospitalaria; quiero retener cada mano cetrina que empapa mi angustia. No La amo. A veces me obsesiono con anhelarla, con buscarla. Es el remedio. No puedo.

Quiero.

Te quiere.
Luis.

2 comentarios:

goooooood girl dijo...

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megat dijo...

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