Sergi Pàmies (París, 1960) es uno de esos escritores que, sin hacer demasiado ruido, se ha sabido buscar un hueco en el panorama literario contemporáneo. Un lugar que es el de la sencillez, de la escritura sin demasiados alardes pero efectiva, el lugar de una purificación lingüística que llega a las cosas con una instantaneidad difícil de superar. ‘Si te comes un limón sin hacer muecas’ (Anagrama), obra primeramente publicada en catalán, y traducida por el mismo autor, representa como ningún otro libro de Pàmies ese proceso de reducción al mínimo de la escritura, hasta el punto de que, en el magnífico prólogo, Enrique Vila-Matas llegue a afirmar que el autor es consciente de que escribir es, ante todo, corregir, borrar, quitar todo lo accesorio. Quizá sea por esto que la literatura de Pàmies, y este libro en particular, sea tan legible (casi transparente). Hacía mucho tiempo que no leía un libro tan rápido. Y no por su brevedad, sino porque las palabras parecen no pesar, como si hubieran vencido a la fuerza de la gravedad. Los cuentos poseen una fugacidad y rapidez tal que parecen haber sido escritos de un tirón, sin levantarse del ordenador. Y eso hace que, una vez leídos, muchos de ellos hayan de ser releídos, como si de un poema se tratase.
El libro se compone de veinte cuentos, algunos de ellos brevísimos, que presentan un mundo a medio camino entre lo cotidiano y lo fantástico, mostrando una realidad cercana que, sin embargo, se altera y se vuelve extraña. Muchos de los cuentos parten de una premisa difícil de cumplir que se mantiene en tensión durante toda la historia, y que no acaba de cumplirse. Por ejemplo, en ‘Escabeche’, un hombre se levanta con unas tremendas ganas de llorar, pero su llanto va siendo aplazado una y otra vez, provocando una sensación de tensión en el lector ciertamente sorprendente. O ‘Nuestra guerra’, donde un escritor intenta escribir con objetividad sobre la guerra, y su intención se va viendo frustrada conforme avanza el relato. Es curiosa esta forma de trabajar, construyendo la historia a partir de un a priori dado, todo lo contrario, por ejemplo, de una escritura como la de Bolaño, que forma las historias en su propio transcurrir.
Una de las cosas más interesantes del libro, a mi modo de ver, es la manera en la cual Pàmies parece querer renovar el género en cada cuento. Independientemente del tema, cada relato constituye un experimento narrativo, como si se interesase mucho más en el cómo que en el qué, como si realmente lo que quisiera hacer Pàmies, más allá de hablarnos de la realidad y sus fantasías, fuese hablarnos del cuento, de su forma, de sus posibilidades, y sobre todo del modo en el que este género, vilipendiado y maltratado por las editoriales, se constituye cada vez más en una de las herramientas imprescindibles para acercarnos a un mundo cambiante y en constante movimiento.
Miguel Á. Hernández-Navarro
[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 1-6-2007]
miércoles 6 de junio de 2007
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