jueves 17 de mayo de 2007

Roberto Bolaño: La magia del non finito

Cuatro años después de su prematura muerte, se puede afirmar que Roberto Bolaño (1953-2003) ha sido el escritor chileno más importante de la última década del siglo XX. Quizá por eso la editorial Anagrama, después de haber editado, a los pocos meses de la muerte del autor, la novela ‘2666’, considerada por muchos la culminación de su escritura, publica ahora dos libros póstumos de Bolaño: un compendio de su poesía, ‘La universidad desconocida’, y una colección de cuentos, ‘El secreto del mal’. Este último, que constituiría probablemente su cuarto libro del género, ha sido editado a partir de varios archivos que su albacea literario, Ignacio Echevarría, ha podido rescatar de su ordenador y en los que Bolaño trabajó hasta el día de su muerte.

Los diecinueve textos que componen ‘El secreto del mal’, título de uno de los cuentos, son en su mayoría relatos, aunque también encontramos textos autobiográficos, ensayísticos e, incluso, conferencias, todos tratados del mismo modo, dando cuenta de la ruptura de géneros a la que nos tenía acostumbrado el autor chileno. Aunque muchos no llegan a estar pulidos del todo, en todos ellos aparece esa característica prosa ágil y veloz, alejada de florituras estériles, que lo hace uno de los autores más “legibles” de las últimas décadas. La temática, de nuevo, nos sumerge en un mundo de escritores contra todo y contra todos, bohemios, enfermos de literatura, personajes rechazados y, por encima de todo, insatisfechos con el mundo que les ha tocado vivir. Se trata de historias que se mueven hacia lo inesperado, para ya nunca volver de ahí, que encadenan anécdotas con historias que ya nunca más vuelven a ser lo que comenzaron siendo, como ocurre por ejemplo con ‘El hijo del coronel’, en la que, sin venir ‘a cuento’, relata el argumento de una mala película de zombies con una frescura y un sentido de la narración magistral, caracterizado por una tremenda capacidad para enmascarar la artificialidad de la escritura, mantenida siempre –de modo extraño– en el nivel de lo ordinario.

Uno de los elementos que más llaman la atención del libro es lo que podríamos llamar la magia del non finito, esa sensación de que todavía falta un pequeño repaso, un último toque –en algunos casos, un final o un desarrollo–. Confieso que las obras inacabadas me atraen mucho más que las completas. Hay una especie de no-estar-del-todo que implica al lector hasta un punto en el que, en ciertos momentos, tiene la sensación de ser más un confidente que un simple voyeur ajeno al libro. En este sentido, ‘El secreto del mal’ es un libro que demuestra una potencialidad narrativa excepcional. Esa misma potencialidad que se observa en ciertos escritores noveles. Lo curioso es que esto ocurra con una obra póstuma. Una obra donde la potencialidad ya no puede ser cumplida. Y no puede serlo porque ya lo ha sido. Porque Bolaño ha prometido en sus textos finales algo que ya había sido cumplido en su obra anterior. Y eso se comprueba cuando uno lee cualquiera de sus libros producidos entre 1993 y el año de su muerte, en especial ‘Los detectives salvajes’ o los cuentos de ‘Llamadas telefónicas’ y ‘Putas asesinas’.

Se podría pensar que comenzar por el final quizá no sea el mejor modo de leer a un autor. Pero es posible que pueda ser una experiencia interesante. Sobre todo porque, de algún modo, al prometer algo que ya se ha cumplido, tiene lugar una especie de reactualización de la literatura como deseo, como búsqueda, aunque aquello que se busca se haya encontrado mucho tiempo atrás. Está claro que Bolaño entendió la literatura como una actividad detectivesca, una investigación sobre el lugar que uno ocupa en el mundo. Al final de su vida, dejó abiertas muchas puertas, como si quisiera decirnos que, a veces, es necesario perderse para buscarse de nuevo. El problema, sin embargo, es que no siempre es posible volverse a encontrar.

[Texto publicado en El faro de las letras, Murcia, 11-5-2007]

2 comentarios:

Germán dijo...

Pues a mí 2666 no me parece un libro especial. No he leído nada más de Bolaño. Bueno, sí: he leído un cuento titulado "El ojo Silva", que dicen que está entre lo mejor de lo suyo. También leí que lo comparaban, a ese cuento, con algo de Cortázar. Es lo que pasa con las comparaciones: no siempre son odiosas, algunas son, además, desafortunadas. Es curioso: sin buscarlo, he leído muchas buenas críticas de Bolaño. Supongo que más vale caer en gracia que ser gracioso. Dicen que "Los detectives salvajes" es una gran novela. Pero no sé si yo le daré otra oportunidad a Bolaño. Me resulta curioso eso que dices de la potencialidad narrativa. Parece algo así como "podría ser bueno si se esforzara". A mí me decían algo parecido en el colegio. Supongo que aún estoy a tiempo de ganar un potencial premio Nobel.

Carlos dijo...

Estimado Germán. El potencial narrativo al que se hace mención no quiere decir que "podría ser bueno", sino lo que estos textos son capaces de sugerir, considerando que la gran parte se encuentra inacabados.
Me parece insólito tu juicio sobre Bolaño. En primer lugar, pues has leído sólo una novela y un cuento. Un cuento notable... y una novela que, sin duda, es su cúspide narrativa. Y sí, es un libro especial. Por su estructura, por la temática, por el compendio impresionante de una vida de motivos literarios, por su valentía, por el podería narrativo. Es simplemente monumental.
Y qué decir de Los Detectives Salvajes, Llamadas Telefónica, Nocturno de Chile. Es un universo completo que no se aprecia del todo si te quedas con una lectura parcial.