martes 15 de mayo de 2007

En un mal día o, para ser más preciso, afectado por un tremendo dolor de cabeza, me lanzo, como un demente a lanzar alaridos en casa. Soy, lo reconozco, insoportable. Algunas de las discusiones, no es el caso detallarlas, tienen que ver con la pulsión "bloggera" de Ernesto, esto es, con la necesidad, casi enfermiza, que tiene de escribir y la necesidad de estudiar ahora que el curso se acaba. Espero que sea antes de que mi carácter colérico vuelva a enturbiarlo todo. El caso es que una de las cosas que me tenìa de mal humor era la tarea periódica de ordenar los papeles que en el despacho se adueñan de todo. Tirando cosas encontrè una entrevista de Yves Bonnefoy, publicada en "Babelia" (antes de que ese suplemento se volviera algo raquítico). Ahora que son las tres y cuarto de la noche, bastante triste y molesto conmigo mismo leo una respuesta de este gran poeta y ensayista que no me resisto a transcribir. Octavi Marti le pregunta si su manera de referirse a la razón (como algo que debe ser defendido como fuente de esperanza y progreso) remite a esa idea de Adorno sobre la imposibilidad de hacer poesía después de Auschwitz: "Para usted es la filosofía y no la poesía la que debiera tener dudas sobre su viabilidad...". A lo que Bonnefoy replica: "Es verdad, esa frase de Adorno repetida aquí y allá se me antoja incomprensible, salvo que ese filósofo de la creación artística no llegara nunca a comprender lo que es la poesía. En resumen, puede que Adorno creyese, banalmente, que la poesía consiste en soñar que el mundo es hermoso y que el hombre y la mujer son bondadosos en medio de un mundo maravilloso, es decir, algo que ha sido cruelmente desmentido por los campos de exterminio. Esas ilusiones volatilizadas, y que no hay por qué poner en circulación de nuevo, eran imaginaciones que la filosofía hubiera debido hacer imposibles a través de una crítica atenta a las trampas en que puede caer el pensamiento conceptual. Si los poetas se han dejado llevar a lo largo de la historia hacia el terreno de las ensoñaciones idealizantes y, por consiguiente, falaces, se debe en parte a que la tradición filosófica occidental tampoco ha sabido liberarse antes de sus quimeras y creencias injustificadas. Pero todos los grandes autores, como Leopardi o Mallarmé, han sido espíritus lúcidos. La poesía, como tal, no se ve cuestionada por Auschwitz. ¿Qué es la poesía? Es aquello que quiere liberar las relaciones entre los hombres de los prejuicios, ideologías y quimeras que los empobrecen. La poesía quiere garantizar un futuro a esa palabra exigente que las ideologías detesten y que el nazismo quiso destruir para siempre. Renunciar a la poesía tras los campos de exterminio sería admitir la victoria de estos últimos". Tenemos que meditar, si podemos, sobre esas palabras. A mi me pilla ahora de cerca la pugna entre la poesía y la educación, algo cotidiano, familiar y, lo juro, tremendamente convulso.